16 de marzo de 2018

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PERU: CANDIDATOS QUE PROMETEN INDULTAR A FUJIMORI

Por: Adolfo Olaechea Cahuas.

1ro de febrero de 2011

Poco tiempo después de haber sido puesto en libertad por la Sala Penal Nacional en Noviembre del 2003, tuve oportunidad de asistir al velorio del abogado Jorge Cartagena. Cartagena había sido compañero mío en San Marcos durante las luchas universitarias de los años 60 del siglo pasado. Meses antes, durante la detención que sufrí en el penal Miguel Castro Castro en relación con mi proceso de extradición, lo volví a encontrar, servicial y amigo como siempre, fiel a sus principios, aun sufriendo carcelería por sus ideas, gracias principalmente al Fujimorismo persecutor.

Cartagena tenía entonces las huellas de un balazo en el cráneo que un sicario le propinara en un atentado de terrorismo de estado. Era una profunda muesca que se hundía aplastándole casi toda la frente. Pese a todo, y al largo encierro en condiciones infrahumanas que durante los años aciagos del Fujimorato había sufrido, su espíritu estaba completamente intacto, un verdadero tributo a la alegría y la entereza humana.

Estábamos alojados en diferentes pabellones de la prisión y yo no podía salir del mío sin un permiso especial del Coronel Jefe del Penal quién tenía que disponer una escolta policial que me acompañara si quería visitar algún otro sector del establecimiento. Así que era Jorge quien venía a visitarme al pabellón donde yo estaba. En el último mes que estuve detenido, sus visitas cesaron pero como se estaban produciendo movidas diarias en la lucha por mi liberación estuve demasiado ocupado y no repare demasiado en su ausencia. Jamás supe ni supuse que se encontraba enfermo.

Unas semanas más tarde después de que yo saliese en libertad, me entere que víctima de un cáncer fulminante, el abogado Jorge Cartagena fallecía cruelmente esposado a una cama de la carceleta de un hospital.

Converse unos días después sobre este penoso tema con el Doctor Pablo Talavera, entonces Presidente de la Sala de Terrorismo, hoy Sala Penal Nacional. Le hice saber mi profunda indignación por este proceder inhumano del sistema peruano de "justicia". Talavera me manifestó entonces que personalmente había hecho todos los esfuerzos para que Cartagena fuese liberado del penal de máxima seguridad de Castro Castro para que pudiese morir humanamente y no en cadenas, como había sido el caso.

Aparentemente, ante la cultura carcelaria de las instancias fiscales, el ministerio de "justicia" y las carencias del propio poder judicial, aunque se tenía la certeza que Cartagena no duraría sino breves días, Talavera fracaso en sus esfuerzos humanitarios, y la libertad le fue denegada al moribundo.

Hoy vemos que hacen cola los candidatos para ofrecer gollerías e indultos a Fujimori frente a una supuesta enfermedad que hipotéticamente pudiese amenazar su vida. Para ser genuinamente humanitario y no convenido, semejante política carcelaria, debería aplicarse a todos los mayores de 75 años y personas enfermas terminales sin excepción, y no solo ser reservada para ex dictadores que precisamente se distinguieron, y ufanaron incluso, de su vesania y crueldad aplicada particularmente en las prisiones.

No fue en vano que esta política Fujimorista fuera descrita como régimen de torturas y tratos inhumanos y degradantes ante la Audiencia sobre Perú que se realizara presidida por el Lord Nicolás Rea en la Cámara de los Lores de Inglaterra un par de días antes que Fujimori se viese obligado a fugar al Japón con el rabo entre las piernas.

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