9 de diciembre de 2018

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ALAN GARCIA: “HIJO DE P…Y CORRUPTO

EL DIARIO INTERNACIONAL

2 de noviembre de 2010

Richard Emilio Gálvez León, un peruano de 27 años de edad, dirigiéndose al presidente Alan García le grito "corrupto hijo de puta”. García se pico, dio media vuelta y le lanzo una cachetada en el rostro. Los hechos ocurrieron el sábado 9 de octubre pasado, cuando García visitaba el Hospital Edgardo Rebagliati (Lima). El valiente joven, aparte de recibir el agravio de García, fue golpeado violentamente por la guardia de seguridad presidencial.

Richard Emilio Gálvez León, debería recibir una medalla de honor por su coraje de encarar directamente a un presidente corrupto y prontuariado. Este valiente peruano participa como voluntario en el programa Kúrame de dicho hospital, impulsado por la fundación que dirige Patricia Barrios, Verand, hija del ministro del Interior otro fanático del inmundo partido de Alan García.

La agresividad callejera de Alan García, no es nueva, ya en 2004, lanzó una patada en la espalda de Jesús Lora y en el 2001 propinó un puntapié a una reportera gráfica Milagros Godos que, según se dijo oficialmente distraía a García durante un mitin político. El caso Alan García, no es poca cosa para un Perú hecho añicos. El hecho de tener este tipo de presidente muestra la bancarrota moral del Perú, cuyos partidos políticos (derecha e izquierda) navegan en un ambiente de trampas, corrupción y degeneración política general.

García Pérez, es un lumpen forjado en las aulas nauseabundas del APRA fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, ese personaje anticomunista y carente de los más mínimos indicios de ética y moral. Decir que Alan García esta loco, no es conocer la esencia política de este individuo que calculadamente decidió la matanza de 300 prisioneros de guerra, o que sin miramientos ordenó a la policía asesinar a decenas de indígenas del Perú. Si Alan García tiene mucho de loco, tiene mas de lumpen, cínico, histriónico, mentiroso y delincuente. Sus deudas con la justicia penal del Perú no han sido aun canceladas, y si algún día se abren canales de justicia en este país, seguro que el tal García Pérez, deberá pagar sus abultadas deudas por crímenes de guerra y robos al Estado. De ahí que resulta justo que le griten en su cara”, “corrupto hijo de puta”.

Aquí dos artículos que pintan de cuerpo y alma a quien ahora es el presidente de los peruanos.

ALAN GARCÍA: UNA BOFETADA AL PAÍS
Autor: Juan Sheput m.

... ¿Puede un presidente de la República perder la compostura de esa manera y agredir a un ciudadano? ¿Es ese el comportamiento de un Jefe de Estado?...

Diario 16 sorprende hoy 10 OCTUBRE 2010; con una noticia que de ninguna manera puede pasar desapercibida: El presidente García lanzó una bofetada a un joven que lo llamó corrupto. La desagradable situación ocurrió, según el mismo medio, cuando el doctor García visitaba a un familiar de su hija mayor. Ante el agravio, el presidente García se habría enfurecido, preguntado quién es y luego, según varios testigos, lanzado la cachetada.

¿Puede un presidente de la República perder la compostura de esa manera y agredir a un ciudadano? ¿Es ese el comportamiento de un Jefe de Estado?

En primer lugar estoy seguro que una persona que no se siente aludida no reacciona así.
Las preguntas que nos podemos hacer son muchas, más aún cuando el mismo Jefe de Prensa de Palacio de Gobierno, José Chirito, responde con ambigüedades, diciendo "no sé hermano, no le malogres la alegría al país", en referencia al Nobel a Mario Vargas Llosa, como si el premio fuera la justificación para cualquier tipo de atropello.

Muy mal haría la prensa nacional en ignorar esta valiente denuncia de Diario 16. Sería realmente una vergüenza que los medios locales pretendan pasar por alto una información de tal gravedad. El presidente de la República no puede agredir a ningún ciudadano, de ninguna manera, menos físicamente. Es una situación deplorable, que tiene un antecedente en la lamentable patada que el mismo Alan García lanzara por la espalda a un humilde ciudadano en el año 2004.

Esta no es una situación privada sino un comportamiento público del presidente de la República. Si estaríamos en cualquier otro lugar del mundo, las redacciones estarían al borde del colapso, pues una agresión del hombre más poderoso del país a un ciudadano no se justifica. Esa acción estaría siendo evaluada, pues para gobernar se requiere estabilidad emocional. La indignación ciudadana por tanto es justificada.
Es muy penoso que mientras el Perú muestra una cara culta ante el mundo, la imagen del país se afecte por una actitud ruin y vergonzosa, como la cachetada del presidente de la República a un ciudadano, tal como informa el periódico que dirige Juan Carlos Tafur, Diario 16.

LA PATADA DE ALAN

BLOG BYE BYE PERU

La política peruana es, a veces, una pollada demencial llena de chavetazos y tacles, casi nada nos asombra, pero ya saben, Alan García siempre encuentra la forma de ser memorable. Y no hablamos de la versión 1.0 del estadista que entre el 85 y el 90 provocó que tantos lectores de este blog abandonaran para siempre jamás la tierra del inca que sol ilumina (o debiera decir, el Inti), aquel que manejó la nación como si se tratara de un veloz y descarrilado tren eléctrico. No. Hablamos del individuo que diez años más tarde volvió al Perú con perfume socialdemócrata y una maleta cargada de lecciones mercantiles, un hombre nuevo en busca de redención, un candidato febril que, luego de perder las elecciones del 2001, se dio de lleno a la abnegada tarea de ser la voz del pueblo ante al régimen de Alejandro Toledo. Y en esas andaba cuando ocurrió algo catastrófico. El 14 junio de 2004, García vivió una de esas experiencias que el azar esculpe con juguetón esmero solo en las biografías de grandes hombres. Lo peor: todos lo vieron por la tele.

El hecho ocurrió durante una marcha de protesta de la CGTP a la que Alan García había asistido puntualmente, con corbata y con estandarte, con Mulder y Del Castillo. Quizás muchos se pregunten qué hacía Alan en uno de esos paros sindicales que hoy tanto deplora, pero no voy a ensayar una respuesta: este blog no es sobre política. El caso es que en medio de la manifestación, el ciudadano Jesús Lora se interpuso en el camino de García. Fue cosa de segundos. El líder político no pudo contenerse, e hizo lo que todo hombre de acción debe hacer ante un obstáculo: sacárselo de encima y seguir el rumbo.

Lo malo es que había cámaras.

Millones de peruanos vieron a García en pleno exabrupto, la noticia dio la vuelta al mundo. Al día siguiente, sin embargo, el líder aprista quiso negarlo todo. “Creí que era un infiltrado y lo empujé con la rodilla, pero sin ocasionarle daño alguno”, declaró. Dijo también que usó la pierna porque tenía las manos ocupadas. Tales declaraciones provocaron la airada reacción de Lora, un hombre con problemas mentales, epilepsia y tartamudez, pero con el suficiente coraje como llegar hasta el local del partido con una pancarta en la que exigía a Alan la rectificación. En respuesta, según Lora, unos búfalos salieron a buscarlo y le dieron su merecido.

—Es falso que haya sido un simple empujón. Fue una patada, todavía me duele el coxis.
Dijo un ilustrativo Lora a los diarios. El Apra quiso minimizar el tema. La congresista Mercedes Cabanillas dijo: “Es un operativo psicosocial para tapar los escándalos de corrupción del entorno del presidente Toledo. Alan García solo flexionó la pierna para evitar que este señor obstaculizara la labor de la prensa”. Sin embargo, los esfuerzos eran inútiles: una imagen vale más que mil palabras. La gente empezó a sentir conmiseración por Lora, un trabajador simple del Perú profundo. Alan García es un hombre grande, inmenso, de metro noventaitrés de estatura: una patada suya debía doler. Acaso por un repentina activación de la memoria histórica colectiva, muchos compatriotas empezaron a sentirse identificados con la indefensa víctima.

Lo que parecía una anécdota, pasó a ser un tema delicado. Datum registró lo inevitable: la popularidad de García cayó más de diez puntos. Los enemigos políticos se frotaron las manos y utilizaron el hecho para atacarlo. Hasta el sicólogo Artidoro Cáceres se pronunció: “García ha demostrado una falta de equilibrio en sus conductas. Es un peligro público”. Por si fuera poco, Lora decidió poner una denuncia contra García ante la Policía Nacional. Heriberto Benítez, del FIM, metió su cuchara y dijo: “El ex presidente podría ser sancionado con una pena de hasta cuatro años de prisión por mentir en la manifestación que rindió ante la policía sobre el puntapié que le dio a Jesús Lora Cisneros. Mintió porque dice que no hubo agresión alguna”.
Presionado por las circunstancias, Alan García decidió hacer lo único que le quedaba. El 9 de noviembre de 2004, acudió a la casa de Jesús Lora para pedirle disculpas (con golpe de pecho incluido). Como era de esperarse, le dio la exclusiva a un canal de televisión, cuyas cámaras grabaron el tierno abrazo entre García y Lora. El líder aprista se comprometió a dar 200 dólares mensuales para el tratamiento médico de Jesús. Al término de la reunión, los periodistas le preguntaron a Lora si había perdonado a García. Su respuesta fue contundente:

—Pobrecito, él ha bajado en las encuestas, ¿qué voy a hacer?.

Para algunos, la patada de Alan es solo un desafortunado acto reflejo muscular propiciado por el tumulto. Para otros, la confirmación visual del carácter explosivo y errático del hoy presidente del país. En todo caso, lo que es un hecho es que Lora perpetró el más grave de los errores que puede cometer un ser humano: trató de robarle cámara a Alan García. Eso no se hace, muchachos. Puesto número 19.

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