20 de noviembre de 2017

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YEHUDE SIMON: MISERIA HUMANA

Por: Luis Arce Borja.

24 de junio de 2009

Yehude Simon, el actual primer ministro de Alan García Pérez, es un personaje prototipo de la extrema miseria moral del hombre político peruano. En Perú, son pocos como él que registran una trayectoria tan reñida con la ética y los ideales sociales. Su existencia, como victima o como lamentable colaborador, esta estrechamente ligada a una sociedad decadente y lumpenizada donde con facilidad el héroe se convierte en villano, y el virtuoso deviene en un individuo infecto carente de cualquier trazo de honestidad. Simon, no conoce normas en la conducta política, sobre todo, si ella tiene relación con el poder y la figuración. No tiene bandera como se dice popularmente en Perú. Mientras convino a sus ambiciones personales, se declaró marxista leninista, se dijo comunista, antiimperialista, y fingió ser partidario de la lucha armada y la vía violenta para tomar el poder. Fue militante del MRTA y coqueteó en algún momento con Sendero Luminoso cuando este grupo subversivo acaparaba las primeras planas de los medios de comunicación. Fue parlamentario, y una especie de relacionista publico para negociar la lucha armada del MRTA. Dirigió la revista Cambio y desde ahí abogó por un camino de acciones armadas para liberar al Perú. Desde la prisión se arrastró a los pies de Alberto Fujimori, y después se embarcó en el gobierno de la mafia aprista y de Alan García Pérez.

Con este personaje queda claro que el contenido moral de la política está determinado por la ideología, y la conciencia social. De estos factores va a depender la calidad del hombre político, no importa el puesto o cargo que ocupe en el aparato político de la sociedad. Moral y política son elementos de una misma concepción de conducta, y ello se vincula al ideal, si se quiere a la utopia política. La conducta política, puede devenir infecta, si ella no está sustentada en valores éticos, morales y en una dinámica del comportamiento ideológico. Todo esto se resume en una determinada conciencia social, y en el compromiso de un ideal supremo de cambio de la sociedad. En Yehude Simon hay mucho de lo que calificó José Ingenieros de “bazofia humana”. Para este filosofo, y medico argentino, el ideal es el artífice de la acción suprema del individuo, y este “ideal es ascua sagrada capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: fría bazofia humana” (1).

Simon ha transitado por la izquierda y derecha pero siempre en la cresta de la ola. Cuando era de moda ser de izquierda (legal), se le dio por llamarse marxista-leninista, y se afilió como militante de lo que en ese tiempo se conocía como Izquierda Unida (IU). Así en 1983 fue candidato electoral al cargo de Alcalde de Chiclayo, y no ganó porque la lista aprista le cerró el paso. En 1985, aún como militante de IU y promotor del grupo guerrillero Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), fue elegido diputado cargo que ocupó hasta 1990. Como parlamentario se planteo otras ambiciones, y en algún momento pretendió ser el capitán de una izquierda legal en crisis y en desprestigio frente a las masas. En 1991, cuando ya no era diputado, fundo el Movimiento Patria Libre, una organización de fachada que utilizaba el MRTA para el trabajo legal, sobre todo electoral.

Fue director de la revista Cambio, un medio de comunicación controlado y manejado por la dirección del MRTA. Desde la revista Cambio y del Movimiento Patria Libre, se declaró partidario de la lucha armada, y la toma del poder vía las armas, pero sin apartarse por supuesto de la carrera electoral. Fue un conspicuo negociador, y era el puente entre la dirección del MRTA y la cúpula de la izquierda legal. En abril de 1992 (ya Fujimori y Montesinos habían concretado su golpe militar), se reunió con Víctor Polay Campos en Paris, y ahí se comprometió con el jefe del MRTA buscar negociaciones con el gobierno fujimorista para “evitar la guerra civil”.

“Durante el autogolpe de 1992 estuvimos juntos varios días en París, Francia. Yo había salido para entrevistarme con dirigentes políticos y personalidades de América Latina y Europa pidiéndoles que nos ayudaran a buscar un diálogo con el gobierno para evitar una guerra civil. Yehude estuvo de acuerdo en trabajar por esta propuesta (2).

Sus actividades negociadoras resultaron desastrosas y en lugar de llegar a un acuerdo con el gobierno, fue detenido y acusado de terrorista y de apología subversiva. El 11 de junio de 1992 fue capturado por la policía antiterrorista junto a otros dirigentes del grupo Patria Libre. Como cuenta Cesar Vázquez Bazán, ya en manos de los agentes policiales, Simon tuvo una conducta vergonzosa. Lloró frente a los policías, y firmó una carta dirigida a Fujimori, pidiéndole perdón y misericordia. Ni eso lo salvo y finalmente, fue condenado a 20 años de reclusión penitenciaria. Ahí en prisión desde el inicio, Simon dio muestras de arrepentimiento, y para empezar se refugió en la religión católica.

En 1993, cuando tenía un año en prisión Fujimori montó un espectáculo en el penal Castro Castro (Lima), donde en mayo de 1992 había ordenado el exterminio de cerca de 100 prisioneros de guerra acusados de pertenecer a Sendero Luminoso. El teatro montado en esta prisión tenía el propósito de mostrar a través de la televisión y la prensa oficial, que el sistema carcelario fujimorista era respetuoso de los derechos humanos, y que los presos peruanos, como en ninguna parte del mundo, eran felices en sus celdas cinco estrellas. El objetivo político fundamental era ocultar que las prisiones en esa época eran tumbas de muerte lenta, cuyo sistema carcelario inhumano estaba concebido para exterminar al prisionero. En estas prisiones, hombres o mujeres acusados de subversión, eran torturados y asesinados. No tenían el más elemental derecho a la salud, ni a la alimentación ni otro tipo de derecho social. Era la época con jueces encapuchados, sin habeas corpus, ni nada que pudiera salvar a la persona acusada de subversiva. Las celdas tumbas tenían 2 metros cuadrados, sin luz eléctrica y el prisionero estaba obligado a pasar las 24 horas del día sin tener derecho a pasear en el patio exterior.

Simon había sido advertido una semana antes de la visita del dictador. Fujimori llegaba al penal Castro Castro para inaugurar la renovación de esta prisión de alta seguridad. Nada podía quedar al libre albedrío, ni siquiera la entonación del himno nacional a cuenta de los presos, y menos el discurso a cargo de Yehude Simon. La dirección del penal le exigió con anticipación que escribiera su “discurso” para controlar su contenido. El discurso, lleno de loas y reconocimientos hacia Fujimori, tuvo la aprobación de los jefes de la cárcel. El día de la visita presidencial Yehude Simon se vistió de gala, y con camisa blanca pulcramente planchada y su mejor semblante de prisionero feliz se subió al estrado para leer un discurso en nombre de la “población penal”.

Hasta ahora los peruanos que siguieron estas imágenes a través de la televisión oficial, no olvidan este montaje que era al mismo tiempo surrealista y dramático. Un grupo de presos bien alineados de cara a Fujimori y con el puño en el pecho entonaban el himno nacional. Yehude Simon, desde un improvisado pulpito y rodado de policías y guardias de seguridad, se declaró admirador de Alberto Fujimori, y en los pasajes de su discurso dijo: gracias señor presidente por todo lo que ha hecho en esta prisión. “Gracias a usted, volvió a decir, en las prisiones hay orden, disciplina y seguridad”. “Usted es un presidente preocupado por los derechos humanos”, le dijo sin ningún remordimiento por los cientos de secuestros y asesinatos que el gobierno cometía diariamente en todo el país. Eran los tiempos del “grupo Colina”, cuando estudiantes, profesores, y cualquier ciudadano eran secuestrados, asesinados y sepultados clandestinamente.

Si Simon se arrastró a los pies de Fujimori, fue pensando en que el dictador le otorgara la amnistía y lo dejara libre. Pero sorpresa de la vida, el pobre Simon siguió en prisión y fue olvidado por el presidente mafioso que él había elogiado sin pudor. Pasó ocho años y medio en la cárcel, y recién en noviembre del año 2000, fue el gobierno transitorio de Valentín Paniagua quien lo indultó y le dio la libertad. Posteriormente, no se sabe por arte de que magia política, fue desagraviado de las acusaciones que pesaban sobre él, y sobre todo de la acusación que le formuló Andrés Sosa Chanamé (Madero), antes de morir asesinado en enero de 1992. Madero, disidente del Partido Comunista Peruano (ex pro soviético) y del MRTA, fue asesinado por un grupo de sicarios del MRTA. El propio Simon, fue sindicado por la victima quien mediante una carta póstuma denunció al actual primer ministro de haber coordinado este asesinato.

Con Simon se sigue la linea general en la politica peruana, donde el crimen y la corrupción son pagados con cargos públicos. (El actual presidente peruano esta acusado de crímenes y de exterminio de prisioneros). En el 2002 Simon se convierte en presidente del Gobierno Regional de Lambayeque y en octubre del 2008 por decisión personal de Alan García, Simon se convierte en Presidente del Consejo de Ministros. En ese puesto se ha hecho famoso por su responsabilidad en el genocidio de más de 50 nativos en Bagua, y por su defensa cerrada del criminal y corrupto Alan García Pérez.

Notas

(1). El Hombre Mediocre. José Ingenieros, Argentina 1911.

(2). Declaraciones de Víctor Polay. Revista Caretas, noviembre del 2008.

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