20 de noviembre de 2017

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LA COSECHA MORTAL DE ALAN GARCIA

24 de febrero de 2008

Los exámenes practicados a los cadáveres establecieron que los disparos se realizaron a sus espaldas.

(revista Caretas). El papero ayacuchano Emiliano García (34 años) murió con tres perforaciones de bala en el cráneo. El maicero Rubén Pairona recibió dos balazos, también en la cabeza. Ambos pertenecían a la junta de regantes de Ayacucho. El gobierno adujo que los reclamos –entre ellos mejorar las compensaciones para los cultivos afectados por el TLC y no alterar la ley de aguas– habían sido resueltos. Solo los reclamos por remate de tierras quedaban en el Poder Judicial.

Para el agricultor ayacuchano Emiliano García (34 años), el día martes 19 fue el último. Apostado en la carretera Libertadores junto a decenas de campesinos, García, humilde papero del distrito de Quinua, reclamaba lo que el sector agrícola viene repitiendo recurrentemente: una solución al alza de precios que han sufrido los fertilizantes, compensaciones para los cultivos afectados por el TLC y no alterar la ley de aguas.

Ante el bloqueo de la carretera, la policía irrumpió en la escena y procedió a detener a uno de los manifestantes. Como consecuencia la turba se enfureció. La policía reaccionó sin dar mayores vueltas. Con tres perforaciones en el cráneo, García se desplomó sobre el asfalto. Al igual que él, el rostro del campesino maicero Rubén Pariona fue blanco de dos balas que lo llevaron a la muerte.

Un hecho que agrava aún más el penoso incidente: luego de analizar los cadáveres, se estableció que los disparos se realizaron a espaldas de los fenecidos. Una de las balas, incluso, atravesó por completo la testa de Pariona, saliendo por su boca. Ambos agricultores pertenecían a la junta de regantes de Ayacucho.

EL PARO AGRARIO, organizado por la Junta Nacional de Usuarios de los Distritos de Riego del Perú (JNUDRP) y que había iniciado el día anterior, fue suspendido por siete días en horas de la noche del martes. Pero para ese entonces ya arrastraba dos muertos más: uno en Arequipa (el martes) y otro en Barranca (el lunes). Además, más de 180 personas fueron detenidas por los desmanes a raíz de que el Gobierno decretase, la noche del primer día del levantamiento, Estado de Emergencia en ocho provincias del país: Huaura, Huaraz, Barranca, Huarmey, Casma, Santa, Virú y Trujillo.

El decreto, cuya duración se prolongó por una semana, fue firmado por el Presidente de la República, Alan García, el premier Jorge del Castillo, Rosario Fernández, ministra de Justicia, y Ántero Flores Aráoz, ministro de Defensa. No dejó de llamar la atención la ausencia, entre los firmantes, del ministro del Interior, Luis Alva Castro. Por la mañana tenía enfocadas sus energías en otra dirección: la recepción de los mil patrulleros adquiridos por su cartera. En la mañana del martes estrenó con el presidente uno de los nuevos coches.

Sobre los disturbios, Enrique Málaga, presidente de la JNUDRP, culpó a la “intromisión de vándalos y delincuentes que han rebasado la organización” de la violencia del levantamiento. Aludir a la infiltración parece una constante, pero en mayo de 2007 los agricultores piuranos protestaron de igual manera y por las mismas razones antes mencionadas.

Lo discutible del levantamiento de esta ocasión es que el 8 de febrero Málaga había firmado un acuerdo con el ministro de Agricultura, Ismael Benavides. Entre los 14 acuerdos logrados en dicho documento, Benavides aceptó dejar sin efecto la creación del Sistema Nacional de Gestión Integrada del Agua (SIGA), que hubiera pasado el manejo del agua de los regantes al Estado.

A su vez, se comprometió a dar el aval para la importación directa de urea por parte de los regantes, lo que implicaba la reducción de 20% del precio del fertilizante (cuyo costo se ha incrementado de 45 a 80 soles por bolsa de 50 kilos debido a la progresiva alza del petróleo), además de comprometerse, al término de 15 días de la suscripción del convenio, en “apoyar a la JNUDRP en la identificación de brokers reconocidos a fin que evalúen la importación de fertilizantes”.

Respecto del reclamo sobre la vulnerable posición en que los dejó la firma del Tratado de Libre Comercio, aseguró brindar apoyo técnico, compensaciones, financiamiento y demás medidas para impedir que los campesinos saliesen perjudicados. Los precios de los productos vulnerables como el maíz, la soya y el trigo se dispararon entre el 2006 y el 2007 como parte de una tendencia mundial que avizora el fin de la comida barata. Para este año se esperan incrementos todavía más sustantivos. Sin embargo, otros sectores como el de los paperos siguen inmersos en los ciclos de precios bajos ya conocidos.

Pese a la firma del acuerdo, dos días después las bases de la junta de regantes decidieron desecharlo. Para camuflar el asunto, Málaga indicó que “no era precisamente un acuerdo; era un acta de entendimiento, pero era muy imprecisa”. Con esto, añadió: “Esas imprecisiones no le parecieron bien a la asamblea y por eso no se aprobó”.

Sin embargo, en misiva dirigida a Málaga, Carlos del Carpio, presidente de la junta de regantes de Arequipa, manifestó su “extrañeza frente a una decisión impositiva de algunos dirigentes que han desconocido (…) un Acta de Entendimiento firmada por su persona y suscrita por los mismos dirigentes que hoy pretenden negarla”. Así, manifiesta que de las 114 juntas, sólo 25 decidieron desaprobar el acuerdo e ir al paro.

A pesar de las señales positivas, el sector todavía no parece invitado a la fiesta en la que otros se divierten de lo lindo. Un buen ejemplo es la importación de bienes de capital estimulada por la rebaja total de aranceles. Mientras que rubros como las Manufacturas, Transportes y Telecomunicaciones se dispararon en el 2007 con cifras que en los últimos dos casos bordean los US$ 1,000 millones, la importación de bienes de capital en Agricultura se incrementó apenas de US$ 45 millones a US$ 70 millones en los últimos dos años. A ello se le añade la inflación de provincias, según varios expertos desestimada en las mediciones. Así se calcula mejor la temperatura que, de tanto calentarse, dejó el lamentable saldo de los últimos días.

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