9 de diciembre de 2018

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PERÚ: NO SABES LO QUE TE PIERDES

Wilfredo Ardito Vega.

7 de agosto de 2007

(La Insignia). Cae la noche y decenas de personas de toda edad y condición salen a caminar hasta la Plaza de Armas, el parque, la calle peatonal o algún otro punto de encuentro. Familias, parejas de enamorados, personas solas, grupos de jóvenes que tienen ya una banca o una esquina reservada. Nadie parece tener prisa ni estar preocupado por ir a casa para ver la telenovela, el noticiero o el programa político dominical.

He visto esa escena en muchas ciudades del Perú, desde las más calurosas, como Tumbes o Pucallpa, hasta aquéllas donde hay que abrigarse para la caminata nocturna, como Huancayo o Chachapoyas. En realidad, salir a caminar es una actividad muy saludable y Lima tiene grandes ventajas para ello: casi toda la ciudad es plana, las veredas son más anchas y existen más áreas verdes que en otros lugares. ¿Por qué entonces muchos limeños no aprovechan los espacios públicos a su disposición?

Un argumento frecuente es el temor a exponerse a la delincuencia, pero la verdad es que en muchos lugares para caminar como el Parque de Lima, el Parque de la Muralla, la bahía de Miraflores, los malecones de La Punta o el Olivar de San Isidro existe bastante vigilancia.

A los extranjeros que llevo a conocer el Jirón de la Unión o la Plaza San Martín les sorprende que haya personas temerosas de darse una vuelta por allí. Es triste decirlo, pero hay quienes prefieren abstenerse de caminar para evitar mayor contacto con limeños ?diferentes?. A ellos podría aplicarse la frase acuñada por mi amigo José Carlos Machicao: ?Si eres racista, no sabes lo que te pierdes?.

Ahora bien, para quien camina por Lima el principal factor de inseguridad es que muchos choferes lo perciben como una especie de obstáculo móvil y no un ser con derechos. De hecho, manejar un vehículo genera una sensación de poder y para muchos peruanos, el poder debe ser ejercido con prepotencia.

Muchos peatones están tan acostumbrados a ello que, cuando un conductor civilizado (como por ejemplo, los que leen estas páginas) se detiene para cederles el paso, se desconciertan y luego cruzan corriendo, como si su benefactor estuviera esperando que comiencen a caminar para atropellarlos.

En realidad, ceder el paso a quien está cruzando en una esquina o un crucero peatonal no es un acto de cortesía, sino una obligación contemplada desde hace seis años en el Reglamento Nacional de Tránsito, con una multa de 170 soles para los infractores, que jamás se aplica. De hecho, tampoco se multa a los transeúntes que no usan los puentes peatonales ni a los que arriesgan su vida inútilmente cruzando por cualquier lugar y en cualquier momento, en avenidas donde el tráfico es ahora más fluido, como Tacna o Abancay. Difundir y aplicar el Reglamento es una tarea pendiente para el Ministerio de Transportes, la Policía Nacional y las municipalidades.

Sin embargo, las autoridades podrían hacer mucho más para generar condiciones seguras a quienes desean seguir el sano hábito de caminar o simplemente tienen que hacerlo. Una necesidad urgente sería colocar semáforos en zonas de alto peligro peatonal como la entrada del Hospital Rebagliati, el mercado de Lince o la esquina de Ripley en Miraflores. Otra medida sería establecer más zonas peatonales, lo cual además contribuiría a reducir la contaminación ambiental. Resulta interesante cómo las nuevas calles peatonales y el ensanchamiento de las veredas han contribuido a la calidad de vida de los ciudadanos en Ayacucho y Huancavelica y pronto habrá calles similares en el Cuzco.

Hace unos años, la Municipalidad de Lima parecía ir en esa dirección cuando anunció que los jirones Ica y Ucayali se volverían peatonales, pero lejos de cumplir con ello, ha privado mas bien a los ciudadanos de un inmenso espacio público al anexar varias áreas verdes al Parque de la Reserva... y disponer que sólo ingresarán quienes paguen por ello.

Afortunadamente, en otros distritos sí se ha avanzado en proteger a los transeúntes: en Miraflores, a fines de la gestión de Fernando Andrade, se construyeron varios puentes peatonales sobre el circuito de playas. Ante el local de Saga Falabella de ese distrito, en Plaza San Miguel y frente al Hospital Militar se han instalado semáforos que sirven básicamente a los peatones.

En el Olivar de San Isidro los cruceros peatonales ahora se encuentran al mismo nivel que la vereda, haciendo mucho más fácil el desplazamiento de personas mayores, discapacitados y quienes llevan cochecitos de bebé. Carteles y rompemuelles convencen además a los automovilistas para que den preferencia a los peatones, hasta que llegue el día que se aplique la multa correspondiente.

En una ciudad donde la lluvia, la nieve, los rayos y el viento son fenómenos exóticos que sólo se conocen por viajes o películas, salir a dar una vuelta debería ser una actividad cotidiana, para sentir que Lima es una ciudad nuestra, una ciudad de todos.

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