10 de noviembre de 2019

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REPRESIÓN APRISTA ASESINÓ A UN AGRICULTOR CHIMBOTANO

Por: Yásser Gómez.

21 de abril de 2007

(Revista Mariátegui). El paraíso neoliberal en el que vivimos, se vio estremecido durante cuarenta y ocho horas por la contundente protesta de la región Ancash, que marcó el camino, que seguirá el movimiento popular para derrotar al gobierno fondomonetarista y reaccionario del APRA.

En los ocho meses del régimen aprista, parece que Alan García sólo ha vivido escuchando los mensajes celestiales de las compañías encuestadoras -las mismas que sirvieron a la banda Fujimori-Montesinos y que se libraron de la cárcel y la justicia, porque el establishment los necesitaba- las que le dicen que, según los sondeos realizados en los distritos acomodados de Lima Metropolitana, cada mes García sigue imparable acercándose al cien por ciento de aprobación -aunque fuera del Perú no lo crean- y que también sirve como muestra nacional, para enterarnos de lo que "piensa el resto del país".

Sin embargo, el miércoles 11 y el jueves 12 de abril, el Frente de Defensa y Desarrollo de la provincia del Santa (que aglutina los movimientos sociales) y las autoridades de la región Ancash, realizaron un contundente Paro, que cortó el transporte de vehículos y de personas por la Panamericana Norte, cerraron colegios, oficinas, negocios, pararon los maestros, agricultores, pescadores, obreros de construcción civil. Su plataforma reivindicativa es amplia y aglutina a diversos sectores, va desde el pedido de transferencia del Proyecto de irrigación Chinecas al Gobierno Regional de Ancash, la revisión de contratos con mineras como Barrick o Antamina hasta el rechazo a la contaminación de la bahía de Chimbote y la oposición a la privatización de la escuela pública.

El régimen alanista envió a sus esbirros de la Policía Nacional del Perú (PNP) para doblegar la lucha popular, pero no pudo, piquetes y barricadas cerraron el paso a la altura de Huarmey, Casma y Santa. En las ciudades serranas de Huaraz y Caraz el pueblo también salió a las calles. Horas más tarde llegarían sigilosamente a Chimbote miembros del ejército peruano para "ayudar" a imponer el orden. Las calles y la carretera estuvieron tomadas por el pueblo, desde la madrugada. Al mediodía el presidente regional de Ancash realizó un mitin en el centro de la ciudad. Y el contingente policial -al rededor de mil efectivos- intentaban abrir la carretera para el libre tránsito, hasta que al caer la tarde, en un descuido de los manifestantes, lograron desbloquear la Panamericana Norte a la altura del kilómetro 445 del Santa, pero los pobladores siguieron resistiendo. Fue en ese momento en que, un policía empezó a disparar al cuerpo de los manifestantes, logrando su cometido y asesinando al agricultor chimbotano Marvin Gonzales Castillo de 19 años, quien a pesar de haber sido auxiliado, murió camino al hospital. La bala le ingresó por la espalda y le atravesó el corazón. Este hecho sangriento fue grabado y propalado por el periodista Sandro Rengilla en el Canal 31 de Chimbote, quien junto a su familia recibió amenazas de muerte para que no muestre las imágenes. Pero igual, las pruebas de la barbarie se vieron en televisión nacional.

El grito de: ¡Alan asesino! ¡Alan asesino! se escuchaba en la puerta de la casa de Marvin Gonzales, familiares, amigos, agricultores y compañeros de lucha con velas en la mano, exigían justicia, que se castigue a los responsables del crimen y también pedían que el APRA se quitase la careta de "partido del pueblo", porque siempre cuando los pobres reclaman, lo único que han hecho es responder con balazos.

En las primeras horas del jueves 12 de abril, las barricadas volvían a aparecer y la Panamericana estaba cerrada nuevamente. Ante las pruebas del crimen contra el agricultor chimbotano, en el segundo día del Paro la represión bajo en intensidad. Pero todo seguía parado, todo el pueblo estaba en la calle. A lo largo de la carretera era llevado en hombros el cadáver de Marvin Gonzáles a quien el pueblo le rindió homenaje, por entregar su vida en la defensa de los derechos sociales y la dignidad ancashina. A las 00.00 horas del viernes 13 de abril finalizaron las protestas, cuando los pobladores dejaron libre la Panamericana Norte.

El Frente de Defensa del Santa y el Gobierno Regional de Ancash le dieron un ultimátum de treinta días al régimen alanista, para que cumpla la plataforma reivindicativa y que si no lo hace, lo que se viene es una paralización indefinida.

Los epítetos de vándalos, delincuentes y terroristas hacia los manifestantes ancashinos sobraron en la prensa limeña, así como la insatisfacción del empresariado mercantilista: "El Paro dejó pérdidas económicas de 3.5 millones de soles en la ciudad de Chimbote". Pero lo anecdótico vino de las declaraciones del obispo emérito de Chimbote, Luis Bambarén, quien tenía una imagen de "comunista" en la década de los setenta, porque usaba un anillo con la hoz y el martillo. Bambarén nos obsequia ese tufillo reaccionario, que siempre ha existido en un sector de la iglesia católica, cuando repudia el Paro Regional de Chimbote y respalda al gobierno aprista, "Porque no había motivo para protestar de esta manera", además, confiesa que le apena y horroriza el comportamiento de los ancashinos. En el 2006, el mismo Bambarén repudió una huelga de los trabajadores de la salud, aduciendo que la protesta estaba politizada. (¿?) Amén.

Con el ministro del Interior, Luis Alva Castro, escondido -nadie sabía donde estaba-, Alan García haciendo su show de gobierno descentralizado en Piura y los medios de desinformación colocando la noticia del Paro en las secciones policiales. Esta contagiante jornada de lucha ha sido un éxito para el movimiento popular, por su organización, por su plataforma aglutinadora y porque ayuda a romper el cerco mediático del establishment neoliberal.

Alan García seguirá obnubilado con los mensajes celestiales de las encuestadoras, hasta que estas le digan -por complacerlo- que llegó al cien por ciento de aprobación a nivel nacional y recién se dará cuenta, que en el país se ha multiplicado el ejemplo de lucha del pueblo ancashino, que durante 48 horas, se dio el gusto de darle un golpe al Neoliberalismo.